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A PROPÓSITO DE LA "LEGALIZACIÓN TOTAL" DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO; UN SUEÑO DE FLORENCE THOMAS PUBLICADO EN LA PAGINA EDITORIAL DEL TIEMPO EL MIÉRCOLES 4 DE FEBRERO DE 2.009; "ESTE SUEÑO DE UN MEJOR MUNDO PARA LAS MUJERES COLOMBIANAS". ES EL SUEÑO DE "DESPENALIZAR TOTALMENTE EL ABORTO EN COLOMBIA".

 

 

Cito:

 

 "Cada semana eran abandonados de cinco a diez recién nacidos en basureros de Ciudad de México. Desde la legalización del aborto, ningún niño ha sido abandonado. En el año 2.008, aproximadamente, 20.000 mujeres abortaron legalmente solo en la red pública del D.F., sin contar las numerosas mujeres que pudieron hacerlo en lo privado. Por cierto sin una sola muerte."

 

Salvo las veinte mil muertes de los fetos diría yo; y a eso parece reducirse el asunto de los argumentos contrarios entre quienes están a favor y quienes estamos en contra del aborto como solución a la enorme proliferación de embarazos no deseados en Colombia; pues por lo citado de manera textual atrás, es claro que la ilustre feminista no piensa que esos pequeños e indefensos embriones estuvieran vivos al momento de la interrupción voluntaria del embarazo;  "una decisión responsable ante maternidades no deseadas y no buscadas." para ponerlo en palabras de la columnista.

 

Imagino que quienes estamos en contra del aborto, -eufemismo que pretende encubrir de soslayo al mismísimo ángel de la muerte con el ánimo exclusivo de expiar culpas, justificar acciones y eludir responsabilidades de grueso calibre, sino penales, ni religiosas, ni morales, al menos sí emocionales y sí espirituales- ante "maternidades no deseadas y no buscadas", debemos contentarnos con el hecho de que, desde que en Ciudad de México despenalizaron totalmente el aborto, no volvieron a dejar recién nacidos vivos en los basureros y a cambio dejaron en ellos los cadáveres de veinte mil fetos completamente indefensos que no pudieron ser salvados.

 

Vuelvo a citar:

 

" En cuanto a recién nacidos abandonados, solo cuando alguien se encuentra una criatura botada en algún parque o depositada en una bolsa a la puerta de una residencia, aparece la historia en nuestros diarios, pero cifras no existen, y me pregunto un vez más "¿qué habrá que hacer para cambiar esta situación?" ...

 

A mí se me ocurren dos o tres respuestas:

 

La primera dirigida al tiempo en que ya ha habido fecundación y por lo tanto embarazo; que las madres que no puedan encargarse de ellos por el motivo que sea, los entreguen voluntariamente en adopción; en lugares seguros para la integridad física y la salud del niño, tales cómo comisarías y juzgados de familia o el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

 

Pero si de lo que se trata es de evitarles el escarnio público a las madres que pasan por semejante tensión nerviosa, emocional y espiritual al momento de abandonar a sus hijos o fueran menores de edad y no quieran dar explicaciones de sus motivos, podrían emitirse leyes que obligaran a todos los funcionarios públicos de nivel local y regional a recibir a los recién nacidos sin hacer preguntas de ningún tipo y sin que por ello pueda judicializarse las conductas de las madres que abandonen a sus niños de manera segura.

 

Lo pongo más claro: "Necesito que me reciban al niño". -Punto.- "Muy bien señora; aquí se lo recibimos; muchas gracias y que esté muy bien; Adiós pues. -Punto.- Sin preguntas; sin misterios; sin morales razonamientos; sin miradas inculpadoras.

 

 

Todo en aras de que los recién nacidos sean recibidos y protegidos en lugares más seguros para su vida y su integridad física, ampliando el abanico de las posibilidades a estaciones de policía, clínicas y hospitales, hogares de paso e incluso universidades públicas y privadas; en todo caso, alejados de las bolsas plásticas; de las ratas; de los perros y de las aves de rapiña, con el ánimo exclusivo de preservar su existencia, evitando de esta manera también que mueran de asfixia, hambre, sed, calor o frío.

 

 

En mi calidad de abogado de adopciones tuve la inmensa fortuna de conocer personalmente a una niña divina de ocho años de edad; verdaderamente preciosa la chiquilla, quien crecía contenta al lado de sus padres adoptantes cuando vinieron a una segunda adopción en Colombia a llevarse al nuevo hermanito que les haría compañía  y terminaría de conformar su nueva familia.

 

Esta niña era una de esas recién nacidas abandonadas en bolsas plásticas en cualquier basurero colombiano, quien tuvo la suerte de ser encontrada por la policía cuando las ratas ya se aprestaban a comérsela viva, corriendo en todo caso mejor suerte que los veinte mil fetos abortados que estoy completamente seguro, ahora se encuentran pudriéndose en los basureros de Ciudad de México a merced de las mismas ratas y las mismas aves de rapiña, gracias a las leyes que ahora insiste Florence Thomas legalizar plenamente en Colombia.

 

Sigo citando:

 

"Pongámonos serios. No estamos hablando ni de moral, ni de religión, ni de culpas; estamos hablando de salud pública."

 

 

Pongámonos serios Madame Thomas; lo mismo le pido yo a usted; este tipo de argumentaciones suyas me recuerdan la de un amigo mío, quién sostiene que la única manera para resolver los graves problemas mundiales de sobrepoblación y hambruna es iniciar una guerra de destrucción masiva, bien sea utilizando bombas atómicas o biológicas para que de este planeta desaparezcan al menos cuatrocientos millones de personas en tan sólo pocos días.

 

Por el contrario, yo estoy convencido que la solución a tal real problema, no pasa por el exterminio de los más desfavorecidos, ni la de los más desprotegidos en el caso de los fetos, -pues obviamente según dichas tesis, las bombas serían lanzadas en países pobres, incultos, ignorantes, subdesarrollados y tercermundistas con reales problemas de salud pública agregaría; - sino por evitar los embarazos a tiempo, antes de la fecundación del ovulo; es decir que la solución al problema no es interrumpir el embarazo, sino evitar que exista; aceptando todas las  alternativas; desde los condones y las "tes", los parches y las píldoras, pasando por la que indica la iglesia católica de no abrir las piernas en ciertos días, hasta ligarse las trompas de Falopio y hacerse la vasectomía, todo esto implementado en forma gratuita y masiva por el Estado Colombiano con acompañamientos y ayudas.

 

Alternativas estas a dónde usted también podría dirigir todo ese carisma, toda esa inteligencia y toda esa energía que mueve hasta montañas, si usted lo desea. Bueno sería también que usted acudiera a conocer la excelente labor que en materia de adopciones viene desarrollando el ICBF, institución mundialmente reconocida por la seriedad y profesionalismo a la hora de garantizar los derechos fundamentales del niño y seleccionarles hogares apropiados para su desarrollo pleno en todos los campos, asegurándoles un futuro digno; rodeados de cariño; tal vez después de conocerla, usted sueñe de manera distinta. 

 

 

Yo también tengo un sueño Madame Thomas; contrario al suyo y más parecido al del reverendo Martin Luther King, quien soñaba entre otras cosas, con que "en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad"; algo completamente imposible de realizar si las madres de esos niños prefirieran abortar:

 

Sueño con que esas "cuatrocientos mil mujeres" colombianas que cada año requieren acabar con las vidas de sus hijos por el motivo en el que se quieran justificar, opten por la vida de los mismos; y si luego de su nacimiento, no desean, o no pueden quedarse con ellos, los entreguen en adopción  para que cada año "cuatrocientos mil niños" colombianos salgan a poblar el mundo entero y algún día regresen a conocer la tierra que les dio la oportunidad de nacer para hacer por ella cualquier cosa que le ayude a progresar y florecer.


También tengo otros sueños; que la iglesia católica asuma sus responsabilidades históricas en cuanto al tema del control a la natalidad se refiere, insistiendo tercamente en que la Divina sexualidad del ser humano es pecaminosa y contraria a natura, para que ese divino regalo de un Dios que nos hizo a imagen y semejanza suya, sea vivido plena y conscientemente de manera sana por todas las personas, en todas partes del mundo, asumiendo, claro está, sus responsabilidades individuales frente a todos los efectos y consecuencias de hacerlo; conociéndolas de antemano; sin ningún tipo de restricciones ni misterios. En esto, la "buena educación" desempeñaría una magnífica tarea.

 

También sueño con el día en que los fines no justifiquen los medios; que toda la sociedad civil colombiana desde sus puntos de vista más extremos, rechacen de una vez por todas y sin tapujos, la  famosa y desastrosa combinación de todas las formas de lucha y que todos los secuestrados sean liberados de inmediato por la simple voluntad de sus captores, al darse cuenta en un fugaz instante de brillantez mental y espiritual que no es posible persistir en hacer tanto daño y causar tanto malestar.   

 

¿Se imagina usted que llegara ese día? Yo que soy soñador empedernido, sueño con el día en que usted defienda la vida de esos "cuatrocientos mil" fetos, encontrando soluciones alternativas a los gravísimos problemas que enfrentan sus "cuatrocientas mil" madres, que imagino, no todas serán violadas o engañadas a la hora de disfrutar de sus relaciones sexuales.

 

También sueño con que antes de hacerse un aborto, les consulten a esos "cuatrocientos mil" padres a ver si al menos el diez por ciento de ellos desearían encargarse de sus hijos después de su nacimiento. Con eso preservaríamos la existencia de al menos cuarenta mil niños cada año.

 

 

P.D: Desde hace quince años he venido escuchando la cifra tentativa de "cuatrocientos mil abortos anuales en Colombia"; desde la época en que el Senador Emilio Urrea planteó su despenalización; si esto fuera cierto, en ese mismo lapso de tiempo han ocurrido seis millones de abortos en Colombia, cifra comparable a la llamada "Solución Final" implementada por Adolph Eichman durante el régimen Nazi; en todo caso superior a las muertes causadas por toda la violencia narco-paramilitar y guerrillera en el mismo lapso, incluidas todas las muertes ordenadas por Pablo Escobar y aquellas generadas por la prohibición de las drogas.

 

¿Será esta una cifra cierta? De ser así, tendríamos en nuestro país a seis millones de homicidas sueltas; ¿Será el aborto la mejor solución a nuestros gravísimos problemas de explosión demográfica, violencia y pobreza? ¿Será que esas madres hoy se sienten mejor que cuando tomaron la triste decisión de interrumpir su embarazo, acabando con las vidas de sus hijos? ¿Será que la opción de muerte triunfará sobre la opción de vida?

 

MARTÍN S.

Por martin s.
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